Ene 30, 2017
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En piel de loba

Escrito por

Escritora: Violeta Barrientos

Desde lo bucal, lo intestinal, la ingesta, clamo por una presa que me satisfaga. Convertida en loba de la noche a la mañana, mis rasgos animales fueron acentuándose: qué boca tan grande, qué tetas enormes tienes. Tuve que meter como pude mis patas en unos pequeños zapatitos de taco. Tuve que encajar mis carnes en un corsé ajustado y en esa armadura enfrentar al mundo. Las piernas y brazos depilados, de forma que no me quedara un pelo de tonta, las uñas cuidadosamente disimuladas. ¡Que todo esto es difícil! El que me teman por perversa no es culpa mía, los monstruos se inventan y había que inventar uno: “el monstruo puede liberar conductas habitualmente proscritas y expresar los pensamientos censurados”, he aquí mi función social. Amo y devoro mientras lo hago. Seduzco con los peligros que ofrezco, soy todo un mito. Se cuentan muchas historias de mí. Que vivo en grutas, cavernas, recovecos inaccesibles y oscuros, sobre todo oscuros. Esto es lo que la gente quiere creer. Abundante imaginación. Mientras tanto, me pavoneo los domingos de pleno sol por el mismísimo centro de la ciudad….pero acostumbrados a la leyenda, nadie me reconoce. Quién imaginaría, a lo mejor soy un cordero en piel de loba….que nadie se fíe de las apariencias. Y quién dice que a lo mejor soy la que reza junto a usted en la misa del domingo. Y así pues, tengo la facultad de transformarme de pronto, en esposa o nutriente madre y llevar a la práctica mi graciosa faceta de animal doméstico. En cuestión de marketing, puedo aparecer bajo fachada de carátula porno o de Caperucita Roja. Pero mis mejores dividendos me llegan como creadora: soy una Scherezade de teléfono rosa, de aliento afrodisíaco hasta el último grado de alucinación erótica. Alcanzo así, mi fase lunar más luminosa, más creativa y menos monótona. Cada vez una historia distinta. Cada día una aventura diferente. Un sabor a carne tierna o el gusto reseco del que pasó la cuarentena sin darse ni cuenta. En resumen, el mercado a encontrar es variado y las experiencias del paladar, novedosas; a veces unos riñones excesivamente cargados, unos pulmones de aire puro o completamente chamuscados, un corazón noble o aventurero, un cerebro demasiado pequeño. Empiezo hociqueando nalgas, pies y apéndices secundarios. Cuando la presa está a punto, aplico la dentellada vital. La distensión de músculos que esto provoca, hace que muchos en el acto pierdan el alma. A evitar que la víctima se desangre y quede más duro que una tabla. Mareados, muchos me dan las gracias y ahí desuello piernas, brazos, me apodero de glándulas. Si los músculos no aflojan, los masajes obligan a rendirse a los más recalcitrantes. Ojo por ojo, diente por diente…hasta que ya no queda gran cosa. Guardo el corazón si me trae recuerdos, desecho cabellos, prepucios y huesos. Voy entrando en calor, reconfortada y cómoda, limpio mis utensilios de cocinera profesional; me recojo en mi cálido rincón y hasta me pongo sentimental.

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Relatos

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