Nov 10, 2016
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“F” Y EVA

Escrito por

Capítulo III de la novela Tatiana Prisionera de la Oscuridad de Alonso Chauca

Alonso Chauca - Tatiana Prisionera de la Oscuridad

F, cuyo nombre es desconocido. En otro momento fue un intelectual limeño, sin embargo, para cuando nuestra historia comienza solo es un hombre entregado a la lubricidad y dedicado a satisfacer a su ama, Rosse. F, un hombre de mediana estatura, un metro setenta y cinco, de complexión fornida sin llegar a poseer grandes músculos, cabellos negros lacios y poseedor de un pene lampiño de un tamaño normal, que rondaba los diecinueve centímetros de longitud por nueve de grosor. Este dragón que escondía en sus pantalones tenía la peculiaridad de estar casi todo el tiempo en erección, la gran cantidad de venas que se le marcaban lo hacían muy intimidante. Abundante barba que contrastaba con lo lampiño de su cuerpo. Con una mirada lujuriosa, voz ronca y áspera que combinaba muy bien con su dominio del francés, esto lo hacía un hombre interesante. Pero su habilidad y encanto no estaba en su aspecto, sino en las perversiones que era capaz de realizar y soportar. No siempre fue un perverso, F era un tipo promedio de mente abierta al amor libre, pero con capacidad de amar y estremecerse. Noble en muchos aspectos y sobre todo muy sensible, era un poeta romántico ya algo conocido en los círculos literarios. Dentro del pasado de F podemos encontrar una sola historia conocida anterior a su encuentro con Rosse. Esta historia trata del encuentro entre F y Eva, una profesora de Lenguaje de la escuela mayor de Virgen del Rosario. Eva era una mujer de veintitrés años, de baja estatura y complexión muy delgada, unas piernas tan delgadas como alfileres, caderas angostas, manos muy delicadas y perfectamente cuidadas. Esta ninfa tenía como obsesión el extremo cuidado de su apariencia. Traía el cabello de unos cincuenta y cinco centímetros de largo, color marrón claro, normalmente lo usaba suelto, lo cual le daba un aire fresco y juvenil. Ojos color verde marihuana, los cuales hacían un perfecto contraste con su delicada y tersa piel color canela, unos dientes como perlas muy brillantes enmarcados en unos labios delgados y sinuosos, los cuales resultaban muy sensuales. Estos labios eran muy llamativos, cuando alguien iniciaba una conversación con esta ninfa quedaba absorto por el vaivén de sus labios al hablar, cada palabra suya generaba un movimiento telúrico en su boca, la cual hipnotizaba a cualquier interlocutor. Tenía bien organizado como agasajar a su cuerpo, cada martes de la semana procedía a rasurarse la vulva para hacer notar mejor la perfección de sus segundos labios tan sensuales como los primeros, las piernas también eran depiladas y se daba un baño de flores aromáticas las cuales al combinarse con miel, decía ella, generaban que su delicada piel se ponga más tersa y dorada. Su cuello era grácil y muy delgado, en él se sostenía su bello rostro, unas cejas perfectas sobre sus ojos más bien alargados que redondos, unos pómulos no muy sobresalientes y un mentón creado por los dioses. Sin embargo, si sus labios hipnotizaban y sus ojos verdes contrastaban perfectamente con el canela de su piel, lo que más llamaba la atención de esta mujer eran sus tetas, que provocaban mayor deseo e incendios de lujuria. Como se ha dicho, esta mujer era muy delgada y pequeña y sus tetas eran grandes, y muy notorias en ese cuerpito delgado como una aguja, lo cual las hacían más llamativas aún. Eva era una mujer que se había graduado como profesora de Lenguaje y por su talento había conseguido una plaza en un colegio de mujeres muy reconocido de Lima, gracias a su jugoso sueldo y al dinero que poseía su acomodada familia, pudo comprarse una gran casa en uno de los distritos más exclusivos de la ciudad. Una profesora muy dulce y sonriente, aunque por ratos algo alocada, Eva era muy estimada entre sus alumnas; siempre formal y de muy buen gusto al vestir, nunca en una semana repetía un juego de ropa, ni de zapatos. Sin embargo, era la mejor profesora de Lenguaje, sí que era una experta en la lengua. Su fascinación eran las felaciones, práctica en la cual hallaba mayor satisfacción. Pero una felatriz digna de ser sucesora de Cleopatra, la reina más famosa de Egipto, debía tener otros gustos y deseos lujuriosos para ser mencionada en esta historia. Acá Eva encaja perfectamente, su gusto por dominar a varones muy grandes y corpulentos, y tratarlos como a sus perros, la hacían digna de la categoría de pervertida absoluta. Una tarde Eva atrajo con sus encantos a tres amantes muy robustos. Aquellos varones debían medir un metro ochenta cada uno, con una gran musculatura y un miembro enorme de no menos de veintisiete centímetros de largo y doce de grosor en el caso del amante con el miembro más pequeño. Estos hombres, al ser citados al mismo tiempo a la casa de Eva, y percatarse que no eran los únicos que gozaban de esta tetona, iniciaron una gresca por considerar cada uno, el único con derecho de poseerla. Cuando los golpes iban y venían se escuchó un estruendo en la sala de la casa, un golpe ensordecedor que detuvo la pelea y ante la mirada atónita de estos apareció nuestra maestra, vestida con una túnica romana transparente la cual dejaba traslucir los grandes pezones marrones que coronaban tan hermosas tetas y su vulva depilada con unos labios maravillosos. Un látigo de tres puntas en la mano izquierda y unas cadenas en la otra fue la imagen que vieron las víctimas de esta diosa romana. De inmediato, solo con la mirada y un pasar de su lengua sobre sus labios, logró que los machos embravecidos se calmaran y adoptaran una posición muy familiar para ellos, de a cuatro patas. Eva caminaba alrededor de ellos observándolos fijamente; uno ya tenía el miembro erecto, ella tomó una de las cadenas y lo golpeo en la espalda con furia, por haber sido presa de la excitación sin que ella lo autorizara. Los tres hombres se desnudaron, Eva les colocó sus cadenas y empezó a pasearlos por su jardín tratándolos como caninos; los hombres tenían prohibido hablar, tan solo podían ladrar. Jugaba con ellos lanzándole objetos que ellos traían a toda prisa. Al cabo de unas horas de tenerlos como sus mascotas, Eva procedió a ponerse al centro de ellos e iniciar lo que más placer le causaba: la felación. La mujer era inagotable y sorprendía cómo era capaz de introducirse semejante miembro en su pequeña boca mientras usaba las manos para masturbar a los otros dos “perros humanos”. Ella lograba con una maestría única engullir cada miembro en su totalidad. Los hombres lograron soportar diez minutos de felación antes que todos terminaran al mismo instante sobre el rostro de su ama, la cual sonría siempre al experimentar tal deleite. Sin embargo, Eva reservaba el disfrute carnal para un solo hombre, su nombre no lo conocemos pero luego sería conocido como F, el cual era un intelectual de la época que tenía como trabajo vender libros en los diferentes colegios limeños. Eva había conocido a F hacia casi un año, en un bar de Barranco. En este bar F, todos los viernes por las noches, recitaba algunos poemas suyos. Esa noche, F se subió al escenario, tomó el micrófono y dijo: El siguiente verso va dedicado a la mujer más bella que ha pisado este lúgubre lugar, su belleza ilumina la sordidez que nos aborda, sus cabellos marrones y sus hermosos ojos verdes son la prueba de que las musas también descienden a la tierra. Hoy para ella va este poema que he titulado “Ojos color verde marihuana”. Tras esta dedicatoria, Eva estaba ansiosa por conocer más de aquel tipo que era capaz de dedicarle poemas de amor. F se acercó, le invitó un trago y la química estalló con un par de sonrisas. Ambos se quedaron charlando hasta cerca de las seis de la mañana, se contaron su vida en unas cuantas horas. Ella sentía que lo conocía de años; F se enamoró y sucumbió ante sus telúricos labios. Eva era una lujuriosa entregada a disfrutar del sexo más intenso, descreída de la posibilidad de amar; F vivía absorto entre los tragos y las decepciones amorosas. Sin embargo, esa noche ambos se habían enamorado y dieron rienda suelta a una ternura que consideraban perdida. Esa relación fue complicada, ambos se reservaban los sentimientos para el otro, aunque Eva nunca hizo lo mismo con su cuerpo. Ella era una felatriz y pervertida absoluta, sus orgías siempre terminaban con ella cubierta de los licores del placer, pero su corazón era para F. F dudaba de amar sin sufrir, pero sentía que era feliz al contemplar los labios perfectos de su amada. Él le propuso matrimonio a los tres meses de conocerse y Eva en un acto sorprendente aceptó. Aunque no dejaba de realizar sus orgías caninas a espaldas de F. Cada dos semanas, F la visitaba en el trabajo bajo la excusa de ir a ofrecer los nuevos textos salidos al mercado; una vez solos, ambos daban rienda suelta a sus pasiones follando en alguna aula. Un martes lluvioso de abril, llegó hasta la escuela Virgen del Rosario para ofrecer los últimos tomos de la Antología de la Literatura Peruana, recorrió salón por salón hablando con todos los profesores de Lenguaje y Literatura. Traía un saco, pantalón y corbata negra sin mayores detalles y una camisa blanca, la barba algo crecida, el cabello alborotado y unas gafas pequeñas. Su recorrido terminaba en el aula del quinto año E, el cual era el último salón del cuarto piso. Hasta este recóndito lugar una hora después de la salida de las alumnas llegó F, sabía muy bien a quien buscaba, sabía muy bien que a esa hora solo había una persona en esa aula, esa persona era Eva, nuestra felatriz. Con pasos serenos, sin mostrar mayor entusiasmo, F se dirigía a este salón, era una sombra en los enormes pasillos del prestigioso colegio. Sentada en su escritorio estaba Eva, preparando las clases del día siguiente para poder tener toda la tarde libre. Traía una blusa ploma de manga larga, sobre ella una especie de chaleco negro muy ajustado, el cual resaltaba sus grandes tetas, un pantalón negro, unos tacos altos de color plata y una vincha plateada en sus cabellos. F se acercó a la puerta y apoyándose en esta la contempla unos segundos, la ve hermosa y fresca, tan dulce y excitante, una sonrisa se dibuja en su rostro. “Hola, ¿puedo pasar?”, le dijo con su voz cavernosa. “Claro, adelante, siempre eres bien recibido aquí”, respondió ella. Él cerró la puerta muy fuerte y se acercó, la tomó con firmeza del chaleco, la jaló hacía él y le plantó un beso muy lúbrico, un beso con el cual su lengua se introdujo hasta la garganta de esta ninfa a lo cual ella respondió succionándosela con el ímpetu propio de una fiera que intenta evitar ser amaestrada. Sus brazos rodearon su pequeña cintura y la elevaron para hacerla sentar sobre el escritorio. “¿Vas a follarme sobre el escritorio? ¡Oh, patético cliché!”, exclamó Eva, a lo que él respondió: “¡Joder, mujer, te la voy a meter hasta los ovarios!”. F comenzó a intentar desvestir a Eva, ella luchaba por evitar ser despojada de sus ropas mientras lanzaba una sonrisa muy sensual, y es que una de las cosas que muchas dominatrices disfrutan es sentir que otro ser intenta dominarla. Al final F logra ponerla de cara contra el escritorio dejando su pequeño trasero expuesto, la tomó fuertemente del pelo, mientras su vigorosa verga muy erecta se clava por la ropa de la tan seria profesora. Eva siente como esa verga desea introducirse traspasándole la ropa de ser posible, entonces empieza a moverse rítmicamente generando que el dragón que traía F entre los pantalones se hinche aún más. De manera magistral F logra bajarle el pantalón para dejar su culo libre al viento y comprobar lo que sospechaba, aquella libertina no traía ropa interior. F bajó y empezó a succionarle la chucha de manera brutal, sin miramientos. Eva empezó a morderse la mano para evitar que sus gemidos se oyeran en la escuela, la succión era tan fuerte que ella sentía que querían extraerle los ovarios; él succionaba y metía la lengua dando giros imposibles a la par que su mano estimulaba el pequeño clítoris de esta lujuriosa. El placer se hacía muy intenso, pero F iba por más, subió la cara para empezar a lamerle el ano; mientras hacía esto, su mano derecha estimulaba el clítoris y la izquierda se meneaba la verga. Eva empezó a golpear la mesa de la excitación que experimentaba, logró tomar la cabeza de F en una posición incómoda, pero jalaba fuerte como queriendo que él se introduzca por su ano. Ella logró voltear y sentarse en el escritorio, jadeando, empezó a mirar a aquel tipo con una lujuria única, lo cogió de la corbata y le metió una bofetada que debió resonar en toda la escuela, lo besó fuertemente y luego se arrodilló frente a él e inició con su clásica maestría una felación de ensueño. Esta mujer había nacido para mamar vergas, era la única explicación debido a que nadie en el mundo la superaba en esta práctica. Tomó la verga con la mano derecha mientras se introducía la cabeza primero y la rodeaba con la lengua, la escupió para luego introducirla totalmente en su garganta y hacer movimientos de atrás hacia adelante sin parar. F aprovechó el momento para tomarla de los pezones, empezó a jalarlos y apretarlos muy fuerte, lo cual excitaba a esta mujer de sobremanera. Él tomó las tetas de Eva y colocó su miembro entre ellas, Eva respondió apretándoselas para proceder a masturbarlo con ellas; la verga erecta ante esta práctica parecía reventar, las venas se le marcaban, se ponía más caliente, debido a que cada vez que su verga subía, con la punta de la lengua ella lograba lamer completamente el glande del lujurioso. Ella se trepó en el escritorio y saltó sobre él tumbándolo para proceder a montarlo, se introdujo aquella verga en la chucha mojada y caliente, y mientras lo cabalgaba iba arañándole el pecho, a lo cual F respondía tirándole los cabellos, esto hacía que ella se moviera más rápido y lo arañara más fuerte. Eva estaba descontrolada, sentada sobre F, y con la espalda recta empezó movimientos muy veloces y fuertes, se tomaba los pezones y empezaba a estirarlos; el libertino la tomaba de las nalgas agitándola fuertemente. F logró echarla sobre el suelo y ya en la posición del misionero levantó las piernas de la profesora e introdujo su pinga por el ano; la mujer no sabía qué hacer para evitar sus gemidos intensos así que empezó a morderle la mano derecha sin control. Cuando el éxtasis estaba a punto de llegar, justo en ese instante, la puerta sonó. “¿Sí?”, respondió Eva mientras F seguía penetrándola muy fuerte. “¿Profesora Eva, la madre superiora desea hablar con usted con carácter de urgencia?”, mientras F lograba voltear a Eva y ponerla en posición de perro y metérsela por el culo, ella respondió: “Está bien, iré enseguida”. Pero la monja que había subido dijo: “Tengo que decirle algo importante antes que vaya con ella”. Y mientras esto sucedía, F tuvo que esconderse detrás de las cortinas. Eva se vistió muy rápido y atendió a la monja sobre un asunto interno, ambas bajaron dejando atrás al desnudo poeta. Ella estaba furiosa, no había podido tener un orgasmo y él estaba igual de frustrado. Después de cerca de quince minutos Eva regresó al salón, lo buscó, pero ya se había marchado. Al día siguiente la ausencia del poeta de voz cavernosa en el bar barranquino se dejó sentir. Eva tras dos semanas sin saber nada de él, entró en desesperación absoluta, lo buscó por todos lados, pero nadie sabía nada, era como si se lo hubiera tragado la tierra. Ni una carta, ni un mensaje, ni un adiós, tan solo la angustia y el mar de dudas que invaden a un ser humano cuando alguien que ama se va sin decir nada. Este fue el último encuentro entre ambos. Ella lo esperó mucho tiempo, pero F no volvió más, se borró del mapa. Se deprimió, esa fue tal vez la última vez que sintió amor.

EL OBISPO DE SODOMA

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Relatos

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