Abr 16, 2015
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Yo confieso

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“…en todo ser humano hay deseos que no querría comunicar a otros, y deseos que no quiere confesarse a sí mismo.”

Sigmund Freud.

Deseo su cuerpo cada noche, ella viene a mí desnuda y veo sus pequeñas tetas a mi lado. Quiero pasar la punta de mi lengua por sus erguidos pezones. Se estremece satisfecha. Es sumamente excitante ver su senos, sentirlos, olerlos, cada uno de mis sentidos depositados en ese pecho que se inflama.

Luego despierto y siento que me invade la culpa. He soñado con mi hermana.

Durante el día pienso en su pene. Ese pene diminuto flácido que crece considerablemente erecto. Y pienso en él tanto que siento que voy a explotar. Es un pene circuncidado, tiene una cabeza linda, en simetría perfecta con el resto del cuerpo. El glande tiene muchas venas y cuando lo lamo siento cada una de ellas. Me gusta ver su cara mientras se la chupo. Lo disfruta mucho. Ya está a punto, ya lo veo venir, siento su pene moverse, ya se viene. Camila, regresa a trabajar. He vuelto a soñar, pero esta vez despierta.

Estoy húmeda.

Mi vida gira en torno al sexo desde que tengo recuerdos. Chupándome los dedos, estimulando mi ano con mis heces, teniendo orgasmos sobando mi clítoris con mis piernas. Más tarde me masturbaba con correctores de lapiceros hasta que perdí mi virginidad y, poco después, mi cordura.

Este tipo de deseos y los que iré contando son los que no quiero confesar a mí misma. Pero que deseo comunicar a otros.

Autora: Camila

foto: Carlos Wertheman

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Destacados · Fotografía · Relatos

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